PATRIMONIO CULTURAL

Las evidencias de la vida antigua de los aborígenes del desierto de descendencia Aymara y Quechua, se notan en la arena, cercano a las operaciones de aducción que lleva el agua hacia nuestra faena.

Es así que son cientos de años grabados en especies arqueológicas dispersas por el Desierto de Atacama. En el Salar, Punta Negra e Imilac, habitaron diferentes civilizaciones que domesticaron la fauna, recolectaron y se desarrollaron. Todo esto data a finales del periodo glaciar, hace unos 13 mil años aproximadamente. Evidencia de lo mencionado anteriormente son los talleres líticos, donde los cazadores obtenían lascas que luego transformaban en filos y así podían elaborar puntas de lanzas, cuchillos, raspadores y otras herramientas.

Numerosos talleres líticos se pueden observar en las cercanías de los salares de Imilac y Punta Negra, como también en los alrededores de los campamentos de Negrillar y a un costado del camino que une a este campamento con Neurara, en el sector de Quebrada Honda.

Hace cuatro mil años comenzaron las prácticas agrícolas y comenzó el sedentarismo. La población aumentó y se formaron aldeas, apareció el trueque y el trabajo ganadero. En esta etapa, el imperio Inca comienza su expansión, la que se evidencia a través de los vestigios del Camino del Inca, como también de los tambos y pukaras aledaños al Salar de Atacama. Por ejemplo, en Negrillar, cerca de los pozos de abducción yacen dos tambos y numerosos hitos que demarcan el Camino del Inca, por donde los primeros pobladores andinos cruzaban el desierto hacia el norte o el sur.

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